No recordaba desde cuando la llamaban ojitos tristes. Cabizbaja y empequeñecida, abrazada sin fuerza a esa rutina de ver pasar los días sin ánimo. ¿Por qué soy infeliz? se preguntaba constantemente, compadeciéndose de sí misma siempre. Sin darse cuenta, se había convertido en un lamento que difícilmente lograba respirar.
Eran las seis de la mañana cuando, se despertó sobresaltada después de aquel sueño revelador. Dio varias vueltas en la cama antes de levantarse a beber un vaso de agua. En la penumbra de la cocina, sus ojos estaban excesivamente abiertos a pesar de no haber descansado suficiente. En su cabeza, tan solo podía repasar sin cesar el mensaje de ese sueño.
Recordaba como se había visto atrapada en una red en el fondo del mar. La angustia de no poder respirar, el cansancio de la lucha por salir a flote y ni tan solo poder gritar pidiendo auxilio. Cuando de la nada, aparecieron unas manos que cortaron las cuerdas y la sostenían con fuerza arrastrándola hacia la superficie. Cuando sus pulmones se acostumbraron al aire, quiso agradecer a esa persona desconocida el gesto de salvar su vida. El sol brillaba con fuerza, impidiéndole ver con claridad el rostro de su benefactor. Cuando sus ojos lograron verle, se quedó petrificada al descubrir que ese alguien... era ella.
Seguía pensativa mientras se dirigía a la ducha. Súbitamente, lo vio claro. Aquella mañana decidió desabrocharse el vestido de lágrimas y lamentos que le oprimía el pecho desde hacía varios años.
Las primeras sensaciones eran extrañas, esa repentina brisa sobre la piel entumecida, era un hormigueo algo incómodo al inicio. Con manos temblorosas, torpemente acabó por desvestirse.
Ante el espejo del baño, contempló con cierto pudor el tono que lucía su piel desnuda. Aquel reflejo desconocido, le mostraba una nueva versión de sí misma. Tras un primer gesto de incredulidad, una leve sonrisa de orgullo se dibujó en su rostro.
Decidió abrazar ese íntimo reencuentro y aventurarse a descubrir, esa versión de sí misma que estaba deseando salir a flote.
Mostrando entradas con la etiqueta Marzo 2016. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marzo 2016. Mostrar todas las entradas
jueves, 31 de marzo de 2016
jueves, 24 de marzo de 2016
Morderse
Mientras esperaba impaciente... él se mostraba seguro, decidido, se movía con una desmesurada naturalidad mientras se acercaba. La calle estaba abarrotada, ella sentada en la terraza, no sabía en qué momento era adecuado levantarse. Se habían reconocido y mientras se miraban de lejos, no podían parar de sonreír.
Un saludo cordial, dos besos y una sonrisa cómplice... delicioso inicio.
Hacía varios meses que no habían hablado, pero en el aire se respiraban recuerdos de travesura.
Leyre rompió el hielo primero:
- Bueno, resulta extraño estar aquí y que solo pueda recordar ciertas cosas.
- Vaya y dime ¿qué recuerdas?.- preguntó él tras una carcajada.
- Creo que ya debes saberlo- dijo ella dirigiendo la mirada descaradamente al espejo de detrás de la barra.
- Desde aquel día no había regresado al Rincón de nadie, fue raro no volver a mirarnos al espejo después de todo esa noche.
- Si me arrepiento mucho- dijo ella con un tono pícaro.
-Mmmmm.... ¿así que te arrepientes? entonces ya somos dos- contestó él mientras daba un sorbo al té despreocupado.
Leyre estalló de risa en ese instante, no sabía bien como proponer su indecente intención. Estaba mucho más nerviosa de lo que esperaba. Habían pasado apenas veinte minutos desde su reencuentro y sentía la imperiosa necesidad de morder suavemente la seductora perilla de Víctor. En un gesto inconsciente, estaba mordiéndose lentamente el labio mientras le miraba con deseo inconfesable.
- Sé lo que estás pensando, conozco esa mirada- le dijo Víctor sacándola de su ensoñación.
- No tienes ni la más remota idea de lo que me está pasando por la cabeza- contestó en tono burlesco.
- Puede ser que no lo sepa exactamente, pero solo te digo que hoy no tengo intención de arrepentirme- dijo él, retador.
En ese momento él acercó la silla colocándose al lado de Leyre. Se inclinó levemente hasta rozar su cuello con los labios. La respiración de Leyre se aceleraba sin remedio al sentirle respirar sobre su pelo. Seguía mordiéndose el labio y en un susurro de voz le dijo:
- Muérdeme.
Acto seguido, dejaron escapar todos esos besos retenidos. Miradas depravadas acompañadas de caprichosos mordiscos. Leyre se detuvo un instante para susurrarle al oído:
- Es delicioso esto de volver a morderse, solo hay un inconveniente... Hay demasiada gente para poder enseñarte donde deseo que me muerdas.
Víctor la miró cómplice y la agarró fuerte de la mano:
-Acompáñame, vamos a un lugar más apropiado para mordernos. Hoy no habrá arrepentimientos.
Un saludo cordial, dos besos y una sonrisa cómplice... delicioso inicio.
Hacía varios meses que no habían hablado, pero en el aire se respiraban recuerdos de travesura.
Leyre rompió el hielo primero:
- Bueno, resulta extraño estar aquí y que solo pueda recordar ciertas cosas.
- Vaya y dime ¿qué recuerdas?.- preguntó él tras una carcajada.
- Creo que ya debes saberlo- dijo ella dirigiendo la mirada descaradamente al espejo de detrás de la barra.
- Desde aquel día no había regresado al Rincón de nadie, fue raro no volver a mirarnos al espejo después de todo esa noche.
- Si me arrepiento mucho- dijo ella con un tono pícaro.
-Mmmmm.... ¿así que te arrepientes? entonces ya somos dos- contestó él mientras daba un sorbo al té despreocupado.
Leyre estalló de risa en ese instante, no sabía bien como proponer su indecente intención. Estaba mucho más nerviosa de lo que esperaba. Habían pasado apenas veinte minutos desde su reencuentro y sentía la imperiosa necesidad de morder suavemente la seductora perilla de Víctor. En un gesto inconsciente, estaba mordiéndose lentamente el labio mientras le miraba con deseo inconfesable.
- Sé lo que estás pensando, conozco esa mirada- le dijo Víctor sacándola de su ensoñación.
- No tienes ni la más remota idea de lo que me está pasando por la cabeza- contestó en tono burlesco.
- Puede ser que no lo sepa exactamente, pero solo te digo que hoy no tengo intención de arrepentirme- dijo él, retador.
En ese momento él acercó la silla colocándose al lado de Leyre. Se inclinó levemente hasta rozar su cuello con los labios. La respiración de Leyre se aceleraba sin remedio al sentirle respirar sobre su pelo. Seguía mordiéndose el labio y en un susurro de voz le dijo:
- Muérdeme.
Acto seguido, dejaron escapar todos esos besos retenidos. Miradas depravadas acompañadas de caprichosos mordiscos. Leyre se detuvo un instante para susurrarle al oído:
- Es delicioso esto de volver a morderse, solo hay un inconveniente... Hay demasiada gente para poder enseñarte donde deseo que me muerdas.
Víctor la miró cómplice y la agarró fuerte de la mano:
-Acompáñame, vamos a un lugar más apropiado para mordernos. Hoy no habrá arrepentimientos.
jueves, 17 de marzo de 2016
Frenesí
No merezco migajas... Lo quiero todo o nada. Para amarme debes entender que la locura tiene mil formas de sonreír, que un susurro en dos segundos puede ser desesperante grito. Desato mi furia, como un demonio que maldice tu destino y en el mismo instante en el que el desahogo calma mi garganta... Tan solo me resta besarte de la manera más ardiente entre lágrimas.
No merezco cobardes... O luchas a mi lado, o vete a otra batalla. No me dejaré vencer fácilmente, no acepto que alguien tire la toalla y abandone al mínimo obstáculo.
Batallo, sigo, me caigo y me levanto... la constancia es mi insignia. Si eres incapaz de asumir las derrotas, no te quiero a mi lado en la victoria.
No merezco a egoístas... Ofrezco todo lo que soy, benévola y maldita, sin objeción. Es simple, si soy eres... si eres soy... confío que no te guardes nada que seas capaz de darme lo mismo que muestro.
Mi sangre es un continuo torrente ardiente, y yo... me doy en cada latir, aguardo lo mismo de ti.
No merezco solo tu piel... Vacío mi alma. No permanezcas en silencio, haz que tus palabras incendien mis entrañas. Déjame entrar, olvida los miedos, deshaz los engaños, ignora los estúpidos reparos... entonces... seremos invencible sentir y Pasión será nuestro nombre.
jueves, 10 de marzo de 2016
Solo en sueños
- ¿Los cuentos siempre acaban bien abuelo?- preguntó Greta.
- Los que te explico cada noche, sí cariño. Pero las mejores historias... esas son agridulces.
-¿Qué quiere decir agridulce?- dijo la niña con curiosidad.
- Que dejan un mal sabor pero que valen la pena.
- No lo entiendo ¿puedes explicármelo?
- Bueno... quizás te ayude escuchar la historia de esta noche.
Eran unos muchachos cuando ya descubrieron que eran el uno para el otro. Antes de conocerse se sentían como dos piezas que no acababan de encontrar su lugar. Pero cuando estaban uno frente al otro, todo cobraba sentido, eran dos retales que encajaban.
Después de algunas circunstancias que se dan en la vida, él tuvo que partir lejos. El motivo, en el fondo no importa... pues lo verdaderamente importante es que siguió amándola en secreto, sin jamás haberle robado un beso.
- Los que te explico cada noche, sí cariño. Pero las mejores historias... esas son agridulces.
-¿Qué quiere decir agridulce?- dijo la niña con curiosidad.
- Que dejan un mal sabor pero que valen la pena.
- No lo entiendo ¿puedes explicármelo?
- Bueno... quizás te ayude escuchar la historia de esta noche.
Eran unos muchachos cuando ya descubrieron que eran el uno para el otro. Antes de conocerse se sentían como dos piezas que no acababan de encontrar su lugar. Pero cuando estaban uno frente al otro, todo cobraba sentido, eran dos retales que encajaban.
Después de algunas circunstancias que se dan en la vida, él tuvo que partir lejos. El motivo, en el fondo no importa... pues lo verdaderamente importante es que siguió amándola en secreto, sin jamás haberle robado un beso.
Ella, por su parte también ahogó sus lágrimas. Decidió anudar un pañuelo violeta en su ventana. Aquel con el que él le secó sus lágrimas la tarde de su despedida. Así se lo dijo: "aquí se quedará atado para que no olvides que cada mañana estarás en mi pensamiento".
Esa distancia inevitable, les obligó a continuar sin el otro. Eran demasiado jóvenes para permanecer solos, miraron a su alrededor tratando de encontrar alguna otra sonrisa. Y así, construyeron vidas diferentes, separados.
Pero mantuvieron en secreto algo, a menudo, se volvían a encontrar en sus sueños. El sueño misteriosamente, siempre era igual para ambos.
Esa distancia inevitable, les obligó a continuar sin el otro. Eran demasiado jóvenes para permanecer solos, miraron a su alrededor tratando de encontrar alguna otra sonrisa. Y así, construyeron vidas diferentes, separados. Pero mantuvieron en secreto algo, a menudo, se volvían a encontrar en sus sueños. El sueño misteriosamente, siempre era igual para ambos.
Una noche de luna llena, él trepaba hasta esa ventana. Entonces, desataba ese pañuelo violeta, volvía a secar las lágrimas de su amada, en esa ocasión el llanto era de alegría. Sentían revivir en los ojos del otro, sonreían como un único ser y lentamente respiraban todos los besos que anhelaron entregarse.
Aunque separados, jamás se olvidaron, se amaron en secreto y tan solo estuvieron juntos en sueños.
- Es bonito pero triste ¿Eso es agridulce abuelo?
- Sí, ahora creo que lo entendiste- dijo
- Pero no entendí una cosa, ¿cómo sabían que su sueño era el mismo?- preguntó la niña.
-Porque la vida les volvió a unir por un instante y entonces se explicaron ese secreto.
- ¡Entonces, seguro que se besaron abuelo y fueron felices! la historia no es agridulce.
- Greta, por más que se quisieran... estaban destinados a no ser.
- ¿Por qué?- insistió la niña
- Porque cuando creces, hay veces que da miedo creer en los cuentos con final feliz...- dijo él mientras le daba un beso en la frente.
- Abuelo, creo que eso de agridulce... es cosa de mayores- susurró Greta antes de dormirse.
- Sí, ahora creo que lo entendiste- dijo
- Pero no entendí una cosa, ¿cómo sabían que su sueño era el mismo?- preguntó la niña.
-Porque la vida les volvió a unir por un instante y entonces se explicaron ese secreto.
- ¡Entonces, seguro que se besaron abuelo y fueron felices! la historia no es agridulce.
- Greta, por más que se quisieran... estaban destinados a no ser.
- ¿Por qué?- insistió la niña
- Porque cuando creces, hay veces que da miedo creer en los cuentos con final feliz...- dijo él mientras le daba un beso en la frente.
- Abuelo, creo que eso de agridulce... es cosa de mayores- susurró Greta antes de dormirse.
jueves, 3 de marzo de 2016
Entre las piernas
Encontrarse con Víctor inesperadamente esa tarde había hecho que volviese a desearle, un instinto desconocido se estaba despertando en ella. En su vientre se manifestó al instante con gran intensidad un ardiente pensamiento. Quizás no sería mala idea llamarle y proponerle un encuentro fugaz... Un íntimo encuentro sin más...
Esa noche Leyre trataba de conciliar el sueño sin éxito, de madrugada entre la soledad de sus sábanas, tan solo podía recordar las huellas de aquellas manos sobre su piel.
Su mente dibujaba escenas sin cesar de esos encuentros. La magnitud de esas sensaciones hacía que cobrasen vida esas caricias de nuevo sobre su anhelante cuerpo.
Esa noche Leyre trataba de conciliar el sueño sin éxito, de madrugada entre la soledad de sus sábanas, tan solo podía recordar las huellas de aquellas manos sobre su piel.
Su mente dibujaba escenas sin cesar de esos encuentros. La magnitud de esas sensaciones hacía que cobrasen vida esas caricias de nuevo sobre su anhelante cuerpo.
Como si aquel hombre estuviera compartiendo su cama en ese momento. Sintió como la agarraba de los tobillos con firmeza y deslizaba sus manos con decisión recorriendo sus piernas, ascendían con suavidad hasta detenerse en sus muslos.
Una agradable húmeda sensación acompañaba a esas deliciosas manos deslizándose entre sus piernas. Pequeños besos, seguidos de un mordisco suave.... eran el precalentamiento de ese juego. El calor que emanaba de su sexo, se diluía con el aliento de su amante, transformándolo en un delicioso elixir de vida.
Una agradable húmeda sensación acompañaba a esas deliciosas manos deslizándose entre sus piernas. Pequeños besos, seguidos de un mordisco suave.... eran el precalentamiento de ese juego. El calor que emanaba de su sexo, se diluía con el aliento de su amante, transformándolo en un delicioso elixir de vida.
Leyre se mordía el labio tras cada gemido, imaginando que Víctor la miraba e incrementaba la intensidad de sus caricias con sus dedos y su hábil lengua. Una complicidad fuera de lo normal, de dos desconocidos en algo tan íntimo.
El cuerpo de Leyre era ya agradable temblor, tan sólo un suspiro más, ese que la acercaba al más placentero estado.
Esa noche, en la intimidad de sus sábanas, mientras recorría con ansia su cuerpo. En sus manos el anhelo de una piel, en sus boca el recuerdo de un sabor, y en su mente un nombre...
Esa noche, en la intimidad de sus sábanas, mientras recorría con ansia su cuerpo. En sus manos el anhelo de una piel, en sus boca el recuerdo de un sabor, y en su mente un nombre...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Entrada destacada
Altamente sensible. El principio de todo
Soy una persona altamente sensible, esa es la última verdad que he descubierto sobre mi misma. Hace ya un tiempo que he ido consultando info...
-
Nora ya peinaba canas, pero seguía aferrada a una ilusión pasada. Cada viernes noche, seguía la misma rutina sin variar ni un ápice. La sole...
-
Hoy mi pluma se quedó vacía, derramó cada gota de mi ser en palabras. El tintero seco me mira desde el escritorio, inerte y triste. Mis ma...
-
Había sido una tímida niña de dulce sonrisa, pero jamás pretendió ser princesa. Ella se sentía mucho más cómoda enfundada en unos viejos tej...



