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jueves, 26 de noviembre de 2015

A medianoche

Que diferente hubiese sido el cuento, si Cenicienta no hubiese tenido que correr perdiendo su zapato en la última campanada... aquella que anunciaba el inicio de la hora bruja.
Que torpe e insensata fue su Hada Madrina... deshacer el conjuro, justo en el mejor momento. ¿En serio, a medianoche? ¿Quizás esa chica no merecía algo de diversión? 

Pocos instantes se viven tan intensamente, como esos momentos de trasnochar. El ambiente se transforma pasada la medianoche. La madrugada se convierte en refugio de las almas desinhibidas, bohemias y soñadoras.

Imagino a esa dulce muchacha, desarreglando su apretado moño, soltando su melena y adornandola con flores. Sorbiendo ponche sin parar, embriagándose por vez primera de la noche. Haciendo esperar a un insípido y desconocido príncipe, aparcando por unas horas lo de felices para siempre. 
Bailar como jamás hizo en su vida, vibrar con cada nueva melodía. Escandalizar a los estirados invitados al baile del gran palacio. Meneando sin reparos ese cuerpo que solo conocía el duro trabajo, causando miradas de estupefacto con cada golpe de cadera y cada sacudida de melena. Parece que la esté viendo... las doncellas muertas de envidia, los caballeros babeando...




Acabar la noche corriendo hacia la libertad y no apurada y avergonzada. Hacer añicos los malditos zapatos de cristal arrojándolos en un pozo. Andar descalza y confiada, revolcarse sobre la hierba bajo un manto de estrellas. Aflojarse el corsé, desprenderse de ese pomposo vestido y bañarse plácidamente en el lago bajo la luna. Desprenderse de obligaciones y miedos, inmersa en ese instante reír hasta el llanto, detenerse a respirar y beber de la vida. 

Pero ella tuvo que huir tras la última campanada, volviendo a su desgraciada vida, y aunque la historia oficialmente tuvo final feliz... (A veces pienso que demasiados deberían ser los entresijos en palacio, y adaptarse a una vida tan diferente no le resultaría tan fácil...) Sin intención de menospreciar esas historias de amor, que alimentan el corazón y dan esperanza. Pero creo que Cenicienta merecía un instante para ella, esa medianoche se perdió la oportunidad de pegarse la gran fiesta de su vida... antes de comer perdices y demás...

jueves, 19 de noviembre de 2015

No importa

Habían pasado semanas desde aquel encuentro, aunque habían hablado casi a diario. Las conversaciones les habían llevado a ese nivel tan cercano, el de las confidencias. Ambos estaban acechados por  demasiados fantasmas del pasado. Aún así, Leyre se había decidido, quería volver a verle. 

Aquella noche se citaron en ese lugar que los hizo coincidir. El Rincón de Nadie, tenía otro ambiente a aquella hora. 
Al principio se mostraron reservados, cohibidos. Leyre no podía evitar sonrojarse cada vez que miraba al espejo del fondo de la barra. Después de unas copas, las risas se volvieron incontroladas. En un instante, sin querer, pero queriendo... Leyre le acariciaba el pelo. Víctor la agarraba fuerte de la cintura. A continuación, se dedicaron una mirada de asombro, sintieron que ese era su primer beso.


- ¿Dónde estabas?- preguntó él
- Perdida en una laguna- contestó Leyre.

Sus manos se cogieron temblorosas y asustadas. Se sentían desconocidas y a la vez demasiado familiares. Un escalofrío envolvía el aire.

- No sé si esto es correcto- dijo Víctor
- Quizás tengas razón, pero ya no importa- contestó ella.

Se acercaron súbitamente, un segundo beso los conectaba. Esta vez intenso, cálido, húmedo. Se volvieron fuego, consumidos por un inmenso anhelo. 

- Quizás tengas razón, ya no importa- dijo.
- Sigue besándome- contestó ella sin aliento.

Sus labios dejaron de dudar. Sus manos se armaron de seguridad, buscaban el suave tacto de la piel.  

- ¿Cómo no hicimos esto antes?- murmuró él.
- No lo pienses, vive el presente- contestó. 

Ajenos al resto del mundo, perdidos en el deseo. De manera eminente regresaban a ese cómplice instante. Deseaban perder de nuevo sus miradas en el espejo.

- Vamos a mi casa- sugirió Víctor.
- Tengo el coche más cerca- contestó ella.

Leyre lo agarró fuerte de la mano y lo arrastró hacia la calle. Cuando llegaron al coche, la inesperada indecisión los abrazó. 

- No puedo hacerlo, ahora no. - dijo él.
- No puedo creerlo, pero... lo entiendo- suspiró ella. 

Subieron al coche, cruzando miradas de complicidad, también de arrepentimiento. Leyre lo llevó hasta casa, era hora de decirse buenas noches.

- Lo siento de verdad, pero ahora no es el momento- dijo Víctor. 
- Quizás tengas razón, aunque... ya no importa- lamentó Leyre 





Conduciendo hacia casa, una incierta sensación acompañaba a Leyre. Sentía la satisfacción de haber hecho lo correcto. Pero también, sentía escapar de sus labios un aliento convertido en fuerte delirio. Lamentaba profundamente, no haberle robado un último beso. 

jueves, 12 de noviembre de 2015

Ahora

Recuerda estas palabras cuando creas que el aire te falta: respirar depende de ti, esas lágrimas que ahora atragantan tu voz, son pasajeras.
La vida es un reto constante,algunas pruebas pueden ser tan duras que esa sensación de sentirse vencido puede llevarte a detener tus pasos.

Nada puedes ya hacer para cambiar las cosas que te hicieron caer. En tu mano ahora, está decidir como levantarte. Ahora te sientes pequeño, lo sé, pues esa sensación de derrota tiene la habilidad de instalarse en lo más profundo. Sentirse fracasado, desvirtúa todo lo que ves, provoca nocivos espejismos incluso de ti mismo. Cuando crees estar algo mejor, sientes que la derrota vuelve a mirarte de reojo pareciendo no querer abandonarte, jamás. 

Mírate, hazlo con consciencia delante del espejo sin complejos, busca de verdad quien eres ahora. Podrías preguntarte mil cosas, aunque tus respuestas seguramente serán incompletas, inciertas... y te provocaran más confusión aún.  
Quizás sea mejor ofrecerle calma a tu cabeza con afirmaciones. Piensa en todas esas cosas que has logrado hasta este momento. Piensa bien en esas cosas que pretendes hacer a partir de ahora.  Planea nuevas metas a alcanzar,  nunca fue tarde para intentar algo, si te propones con esmero conseguirlo. 

Mírate, hazlo a menudo si olvidaste quien eras. No podrás volver a recordarte si no te observas. Centra toda tu atención en el ahora, no te encadenes inútilmente a un pasado inamovible. No te tortures anticipando acontecimientos que no han sucedido, no vivas pendiente de la agonía de un incierto e imprevisible futuro. 


FOTOGRAFIA DE  DAVID BUENDIA

Concéntrate y esfuérzate, anclarte con fuerza al presente te ayudará a ser libre. Hay millares de cosas que ocurren a tu alrededor ahora mismo. 

Observa cada detalle, no dejes escapar lo que tienes ante ti... La vida siempre florece, la vida se respira, la vida siempre ofrece, la vida se siente... ahora. La vida es este momento que está ante tus ojos: ahora. Afina tus sentidos y tan solo... captura el presente. 

jueves, 5 de noviembre de 2015

Retales capturados. 3

Nueva selección de retales capturados, espero disfrutéis tanto como yo he hecho creando esta tercera entrega. 

¡Ah! Recordad que bajo la imagen encontrareis un enlace al retal correspondiente de cada captura. 












En el cuarto cerrado





















En mí nace una voz, que me susurra insistente al oído ideas. Palabras que dibujan imágenes, imágenes que afloran en palabras.

jueves, 15 de octubre de 2015

Inalcanzable

Nunca la vi con otro color, siempre iba de negro. La recuerdo con vestidos vaporosos, de generosos escotes normalmente. Un único adorno se permitía, un intenso rojo en sus labios, que contrastaba fuertemente con su pálida piel y sus ojos azules. 
Nunca la vi acompañada, siempre iba sola. La
recuerdo paseando a sus perros, tomando café, comprando el diario y la recuerdo en la librería abstraída del mundo ojeando los nuevos libros. Era la elegancia en persona, grácil, delicada. También decidida y con un aire de indiferencia hacia los demás sobrecogedor, sin duda era una mujer con carisma.

Nunca la vi expresar alguna emoción, su rostro era impasible. Aunque por donde ella pasaba, sin quererlo, provocaba infinitas reacciones. Muchos la esquivaban al cruzarse con ella, otros bajaban la mirada. Algunos la observaban embelesados, yo era uno de ellos, no podía evitar seguirla con la mirada cada vez que se me aparecía.  Era la más absoluta serenidad, mezclada con la más agónica dureza. 

Esa mujer misteriosa, que vivía a unas casas de la mía, me dejaba hipnotizado tan solo con su presencia. No me atreví jamás a entablar conversación con ella, aunque habíamos cruzado miradas en la librería más de una vez. 
Ella no hablaba con nadie, todos lo decían. Aunque siempre estaba en boca de todos, parece una bruja, es una loca viuda, es una amargada solterona... Yo les escuchaba y no abría la boca, tan solo deseaba conocer su nombre, pero eso era algo que todos desconocían. 
Aquella noche de noviembre regresé muy tarde del trabajo, la calle estaba desierta. Al llegar a la plazoleta la encontré arrodillada y temblando. Miré varias veces para comprobar que mis ojos no me engañaban, llegaba tan agotado que aquella estampa me pareció una visión. 
Sin pensar, me dirigí hacia ella para preguntarle si estaba bien. Ella me miró y balbuceando solo me dijo que no. Instintivamente la cogí en brazos, ella se mostró dócil. En un instante, noté como sus manos se aferraban a mi cuello y con un hilo de voz me suplicaba que la llevara a casa.

Al llegar a la puerta, ella se incorporó bruscamente, cogió las llaves y entró sin más. La sentí alejarse, dejándome con un vacío interior. Me quedé inmóvil delante de esa puerta cerrada, cerré los ojos para detenerme en el instante en el que sentí su respiración sobre mi pecho.  
Un repentino chasquido me distrajo de mi ilusión. Su rostro volvía a ser el de siempre, me miraba fijamente y su mano me tendía una nota manuscrita. La recogí tembloroso y volvió a cerrar la puerta. Mis adormilados ojos se apresuraron a leer sus palabras.

Parecías tan cansado Manuel ...  Pero vi una pregunta en tus ojos. Enid, ese es mi nombre.
Gracias por traerme a casa, buenas noches. 

Una tenue sonrisa se dibujó en mi cara, era inalcanzable y la tuve en mis brazos, esas letras emborronadas eran la prueba. Mientras me dirigía a casa, mi cansancio había desaparecido por completo. Sentía una energía que crecía al recordar que ella nunca hablaba con nadie, pero me regaló su voz en un delirio. De mis entrañas brotaba una profunda satisfacción.. ella me insinuaba que me conocía. Al llegar a casa, ya estaba completamente desvelado, no podría dormir en horas... ella esa noche me confesó su nombre. 

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